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Este es el mamut que vive en casa

El 11 de enero de 1979, un trabajador que cavaba el jardín trasero de una casa de la calle Delia, en la Guadalupe Tepeyac, para meter el drenaje a más profundidad, se topó con un hallazgo maravilloso: “Se dio cuenta que había unos enormes huesos y creyó que habíamos enterrado un animal”, dice el geólogo Paulo César Silva, hoy custodio de una enorme osamenta de mamut que conserva en su propio hogar.

Silva tenía un año y su abuelo, Bonifacio Chávez, se emocionó con el descubrimiento. Llamó a un amigo biólogo que trabajaba en la UNAM y juntos rescataron los restos, a 1.8 metros de profundidad. Algunos apuntes quedaron de entonces, pero el mamut estaba destinado a vivir almacenado en cajas, en un cuarto de azotea.


Antes de fallecer –en los 90–, mi abuelo me dijo: ‘ahí te encargo al mamut’. Don Bonifacio le había inculcado el amor por la paleontología; él lo llevó a conocer el mamut del Metro Talismán, encontrado unos meses antes, en 1978, a escasos dos kilómetros.


El mamut se convirtió en una historia de familia, pero seguía oculto. Hace cuatro años, Paulo decidió exhibirlo en su propia casa, junto con otras 600 piezas que heredó de su abuelo y un tío, y que él mismo adquirió. “Estudié los métodos de conservación y lo saque de las cajas, lo consolidé y restauré y aquí lo tengo”, cuentan.


Acurrucados en la esquina de lo que antes fue el comedor y ambientados entre luces y plantas, descansan los 175 huesos del mamífero, que hace tres años fue bautizado como Tepeyo, por un niño de la colonia: “le pusó así por el Tepeyac y se le quedó”.


Silva también registró el hallazgo ante el INAH y se convirtió en su custodio. Sabe que se trata de un macho de unos 20 años de edad, que midió unos 6 metros de largo y 3.8 de altura y que quizás quedó atrapado en la zona pantanosa de esa parte de la Cuenca de México, hace unos 12 mil 500 años. En la misma estancia, está la sala donde Paulo se sienta a ver la tele; la cocina, que antes ocuparon sus abuelos, es ahora el taller donde trabaja. Él y su colección ocupan la primera planta de la casa, arriba viven otros familiares: “cuando me visitan a mí, también visitan a Tepeyo”, dice satisfecho.